Hace apenas un año, El Poder de la Confianza 2024, estudio realizado por la alianza entre PIZZOLANTE, DATOS GROUP y la REVISTA FACTOR DE ÉXITO, nos permitió mirar por primera vez el comportamiento de este intangible en la República Dominicana. En aquel momento, la confianza se entendía como una estructura apoyada en tres dimensiones: el “qué”, representado por la estabilidad, los valores y el prestigio; el “cómo”, vinculado con la calidad, el crecimiento y la experiencia; y el “para quién”, señalando la relación de la empresa con sus colaboradores y con la sociedad. Era, en esencia, una confianza centrada en la identidad y la permanencia.

Un año después, nos unimos nuevamente para realizar y presentar los resultados del Estudio El Poder de la Confianza 2025, confirmando que la confianza no solo se mide, sino que evoluciona. Lo que antes era un concepto de reputación más estático, se ha convertido en un sistema vivo, más exigente y consciente. Hoy la confianza la hemos fragmentado en cinco dimensiones —conductual, cognitiva, afectiva, tecnológica y social, mismas que explican, no solo en quién se confía, sino por qué. La sociedad dominicana ha pasado de admirar a observar, y de esperar a evaluar.

Si en 2024 la estabilidad era el signo de seguridad, en 2025 la coherencia ocupa ese lugar. La gente confía cuando la palabra se cumple y la experiencia coincide con la promesa. La confianza conductual, que representa más de un tercio de las menciones, es hoy la base del vínculo entre las empresas y su entorno.

Sin embargo, esa dependencia de la experiencia cotidiana la hace también mucho más vulnerable, pues una falla en la entrega, un silencio ante la queja, o simplemente la ausencia de respuesta que llena de incertidumbre, pesa tanto como una falta ética. La confianza se volvió un examen de rutina, y las empresas que lo entiendan a tiempo serán las que logren aprobar esa prueba de todos los días.

El otro punto de evolución importante se da en los factores de legitimidad. En 2024, el prestigio y la trayectoria eran sinónimos de confianza, hoy esos símbolos ceden terreno frente al desempeño y la competencia visible. La gente ya no confía por “herencia” o “historia”, sino por evidencia. Casi cuatro de cada diez dominicanos asocian la confianza a la capacidad técnica de las empresas y a la preparación de sus líderes, en otras palabras, la confianza no es solo un reconocimiento reputacional, sino también una evaluación de méritos.

Así mismo, ha evolucionado el modo en que el público espera que las empresas usen su poder, en 2024 las expectativas se concentraban en generar empleo (22%) y promover el equilibrio entre la vida y el trabajo, un año después, la ciudadanía exige algo más concreto: responder rápido, cuidar el medio ambiente y garantizar el bienestar laboral. Las tres expectativas más citadas: 1) Respuesta a quejas (26,9%), 2) Acciones ambientales (25,5%) y 3) Equilibrio vida-trabajo (24,8%), marcan una evolución clara donde la confianza dejó de ser un deseo y se volvió una transacción de valor. La empresa confiable es aquella que escucha, corrige y actúa.

En 2025 también aparece con fuerza un nuevo eje, la identidad corporativa. Los dominicanos confían más en las empresas familiares (55,6%) y nacionales (51,3%) que en las globales. Esta es una preferencia que no responde necesariamente al “nacionalismo”, sino a la proximidad, esa que transmite compromiso, pertenencia y continuidad, ventajas emocionales relevantes que requieren de “tacto” recurrente.

Las empresas familiares deben cuidar de no confundir cercanía con informalidad, ni humanización con populismo.  Mientras tanto, las multinacionales tienen el reto de integrarse culturalmente y demostrar empatía local, sobre todo considerando que la confianza ya no distingue por tamaño, sino por comportamiento.

El Poder de la Confianza 2025 también amplía la mirada institucional. Las empresas privadas igualan a las iglesias como las entidades más confiables del país, se suman a estas dos las universidades como espacios de credibilidad social. Esta es una señal muy interesante, pues la confianza ya no aparece tan concentrada, repartiéndose entre varios actores de impacto social.

El ciudadano diversifica sus referentes y busca coherencia donde antes esperaba autoridad. Obviamente con sus diferencias de aproximación y razones del porqué, las iglesias (católica, evangélica, etc.) y las empresas comparten ahora una responsabilidad similar, sostener esperanza y legitimidad en un contexto donde ambas se ponen a prueba cada día. Menudo reto para el empresariado.

En el plano del liderazgo, el contraste con 2024 es claro. Para entonces hablábamos de la figura del líder estable, inspirador y con propósito. Hoy, la confianza se construye en la intersección entre competencia y coherencia. La confianza cognitiva (basada en el saber hacer) domina sobre la afectiva o la social.

El líder confiable es el que resulta visible, explica sus decisiones, se muestra capaz y no evade la rendición de cuentas. El liderazgo carismático ha perdido encanto frente al liderazgo competente, mientras que la sociedad dominicana, cada vez más informada, ya no aplaude promesas, sino que valora a aquel que es capaz de ofrecer resultados claros, positivos, medibles y visibles. La teoría del “perfil bajo” que aun muchas empresas mantienen, debe darle paso al “perfil gestionado” y a la “notoriedad selectiva”

Con respecto a las marcas, la evolución también es evidente. En 2024, la calidad y el crecimiento eran los factores que inspiraban confianza; en 2025, la atención y la innovación ocupan ese espacio. Tres de cada cuatro consumidores expresan alta confianza en alguna marca, pero la lealtad absoluta es bastante escasa. La confianza se manifiesta en la disposición a pagar más (8,4/10) o a defender una marca (8,2/10), pero no en exclusividad (6,8/10), indicando con ello mayor elasticidad en las decisiones de compra. Esto confirma que la confianza es una relación dinámica que impulsa la preferencia, no la dependencia.

Si en 2024 la preocupación era cómo construir confianza en un entorno de polarización y desinformación, en 2025 el reto es cómo sostenerla en un entorno de vigilancia permanente. El ciudadano de hoy no desconfía de todo; desconfía de quien no explica, de quien no rinde cuentas o de quien promete sin cumplir. La desconfianza dejó de ser ciega; ahora es selectiva.

La confianza en República Dominicana no se ha debilitado, se ha sofisticado. Ya no es un premio a la estabilidad, sino una consecuencia del comportamiento. Las empresas, líderes y marcas que comprendan esta transición podrán convertir la confianza en una ventaja competitiva sólida. Las que la den por sentada, la perderán sin escándalo, simplemente dejando de ser elegidas. Un año después, la conclusión es bastante clara, la confianza sigue siendo el activo más valioso de cualquier organización, pero también el más frágil.

 En 2025 aplica, pero al revés, aquel viejo refrán que con el tiempo derivó de la declaración que ofreciera Julio César al ser cuestionado en medio de la separación de su esposa Pompeya, aquel que dice “no basta con ser la mujer del Cesar, hay que parecerlo”, pues bien, hoy por hoy no basta con la cosmética para tan solo tratar de parecer; hay que ser. Cada acción, cada decisión y cada silencio pesan, porque al final, la confianza no solo se puede medir en encuestas, se mide también en consecuencias.

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